Tú, un lápiz y un papel. C 160

Paul Kalanithi graduado en literatura inglesa y en biología humana en Stanford, master en historia y filosofía de la ciencia y la medicina en Cambridge, medico con honores en Yale, y cirujano neurológico con doctorado en neurociencia de Stanford fue diagnosticado con un cáncer en los pulmones en fase terminal y murió a los pocos meses.

Dejó varias publicaciones sobre su proceso, iniciando con “El Buen Doctor”.

En sus estudios de literatura inglesa había concluido que el leguaje era una fuerza casi sobrenatural, existente entre personas y que pone en comunicación nuestros cerebros. Sin leguaje no podemos compartir.

Para él una palabra significaba algo solo al ser compartida entre individuos, y el sentido de la vida, su virtud, tenía algo que ver con la profundidad de las relaciones que establecemos. Era el aspecto relacional entre los seres humanos lo que apuntalaba el significado de las palabras.

Pero, de alguna manera, este proceso existía entre cerebros y cuerpos, sujetos a sus propios imperativos fisiológicos, expuestos a fallar y a fracasar. Debí haber, pensaba Kalanithi, una forma de que el lenguaje de la vida, tal como se le experimenta – Pasión, Hambre, Amor – tuviera alguna relación, por intricada que fuera, con el lenguaje de las neuronas, el del aparato digestivo, y el del corazón.

Cada disciplina es generadora de su propio vocabulario, y pretende comprender, desde su punto de vista, la vida humana en su forma particular.

Lo vemos a diario en las ciencias médicas, pero la filosofía, las artes y aun las grandes obras literarias ofrecen su propia serie de herramientas, instando al lector en cada caso a usar ese vocabulario.

Y cada disciplina desde su experiencia directa sobre asuntos de vida o muerte genera sustanciales opiniones morales  sobre ellos.

¿Y escribir utilizando nuestro propio vocabulario?  El Doctor Mauricio Navas  nos guiará hoy en ese proceso.

 

En mi casa se escribía. Para mí era un acto natural. La gente se me acercaba a pedirme que le escribiera “La historia de mi familia”, (la de él). Yo me preguntaba: “Porque no la escribe él mismo?

¿porqué la gente pide permiso para escribir?.

No se puede hacer de forma espontánea desde niño. Necesita alfabetización. Si a esto le agregamos el arribismo, escribir se considera socialmente un acto de iluminación, de inteligencia.

Cuando me dí cuenta de que el escribir se lo habían robado los intelectuales decidí enseñar, pero llegué a la conclusión de que no se puede enseñar a escribir. Se puede hacer perder el miedo a escribir.

En la Jorge Tdeo dicto un curso “Redacción de TV”. Que califico en un parcial? Le propuse al vice – rector Académico, Juan Manuel Caballero, que lo que iba a hacer era un test. No puedo decir si está bien o mal porque el escrito es de ellos.

Mas que enseñar a escribir lo que puedo hacer es compartir los que tengo para decir acerca de la escritura. Uno se levanta todos los días, se mira en el espejo y lo primero que tiene es un reporte de su status físico. ¿Arrugas? ¿Caída del cabello?

¿No han pensado mirarse en el espejo de la mente y del alma?

Escribir es el espejo de la mente y del alma. Cuando uno escribe desde el alma a uno no le queda mas remedio que mirarse la mente y el alma. Ni en la música ni en la pintura hay que hacerlo obligatoriamente. Para escribir es obligatorio.

Me gusta la idea de ponerle a la persona espejos. Mis hijos han asistido al colegio “Unidad Pedagógica” de Jaime Carrasquilla.

(El modelo pedagógico es la manera a través de la cual son llevados a la práctica los fundamentos del Colegio. Se basa en los principios de la pedagogía activa, la cual establece relaciones de trabajo a partir del reconocimiento mutuo de los diferentes actores educativos. Los niños son seres únicos, con sus propios intereses y capacidades, con una historia familiar, social y emocional que los acompaña al espacio escolar donde interactuan tanto con sus pares como con adultos. El maestro es el acompañante de los procesos de desarrollo de los niños y las aniñas a nivel cognitivo, emocional y social. El pensamiento de Jaime Carrasquilla  Negret estuvo influenciado por Celestin Freinet, Makarenko, Francesco Tonucci y María Montessori y de filósofos como: Jean-Jacques Rousseau ).

Jaime Carrasquilla sostenía que su colegio no era bilingüe porque uno debe aprender a pensar en su lengua materna, ya que la paz del alma se basa en que le pongamos a los sentimientos el nombre adecuado. Si le ponemos mal el nombre creamos un problema mayor.

En Derecho un mal nombre calificando un acto lo puede convertir en un delito, y si es un delito un mal nombre puede cambiar la pena de la sentencia.

Mi mujer un día llegó a la casa contándome que le habían ofrecido un excelente puesto en Barranquilla que implicaba una promoción en su carrera. Al verme callado me preguntó si estaba celoso y les respondí que sí. Inmediatamente reaccionó porque la estaba acusando de no ser confiable. Este tipo de respuestas o nombres inapropiados no ayudan a las relaciones en el matrimonio. Yo realmente no estaba celoso con ella, estaba envidioso conmigo.

Cuando uno habla no piensa en las palabras, pero las palabras construyen la realidad.

Es inevitable que contactes tu alma al escribir. Esos sentimientos viene del territorio del inconsciente. Si te dicen escriba un cuento y empiezas “En la casa de mis abuelos…”, eso tiene una razón. El sentido es un lujo escaso. “Hace sentido” es la frase más común.

gILBERT

Las ideas son intangibles, etéreas. Elizabeth Gilbert, autora de Come, Reza, Ama  presentó 10 años después de su éxito, Big Magic un libro a medio camino entre el tratado sobre creatividad y un texto de auto ayuda que invita a sus lectores a descubrir la vida que les espera al otro lado del miedo y abordar el arte de crear con una dosis de optimismo tan inusual como radical. Big Magic contiene la colección de principios y prácticas de Gilbert para lograr que la creatividad dicte sus pasos.

Gilbert escribe que la razón por la que conoce “íntimamente” el miedo es porque “he sido una persona miedosa toda mi vida”. Una vez superados desde temores infantiles a la crisis personal tras su divorcio, Gilbert afirma que el antídoto al miedo es la curiosidad. Su avalancha de optimismo, aderezada con la dosis de humor de quien habla por experiencia, servirá de mantra a más de un lector “Cuando haces esto, tu vida, día tras día, se expande y se vuelve más interesante”; “si pasas el día defendiendo tus limitaciones, te has ganado el derecho a conservarlas”; “es muy probable que si no estás creando, estés destruyendo algo ahora mismo”, o “tu miedo es la parte más aburrida de ti”.

Siempre vamos a tener miedo a escribir. Si hay miedo no hay inspiración. Es un proceso mecánico. La incertidumbre da miedo. ¿Que hay al otro lado?

La vida humana sin ficción no es humana.

Al estudiar el manejo de multitudes y el liderazgo se ha encontrado que un líder puede motivar, dirigir a un máximo de 150 personas. ¿Como se hace cuando el número aumenta como es el caso del catolicismo o del islamismo? Hay que construir una ficción que los una.

Y entonces uno se pregunta: ¿Cuál es la ficción sobre la que está construida mi vida?

El Miedo a los Hijos

Jaime Barylko escribió un libro titulado: “El miedo a los hijos”. Somos una generación de los padres culpables. Culpables de hacerse culpables. Culpables del miedo: el miedo de educar, de expresarse libremente por no invadir la intimidad del libre crecimiento del hijo, el miedo de cercenar sus derechos, de influir. Culpables de no ser padres o de serlo únicamente a la defensiva… Nos sentimos liberados de miles de prejuicios, pero por otra parte estamos maniatados por el no – saber – qué – hacer. El miedo paraliza. Y no le hace bien a nadie. Tampoco a los hijos.”

Hay que leer. ¿Por qué?. La lectura tiene intimidad con mis reflexiones.

Uno debe contar lo que sabe desde la humildad. Desde el humus, desde la tierra, uno es quien sabe sobre que está parado.

Por ejemplo en la película Roma no pasa nada. Pero pasa la vida. Y está contada con delicadeza y honestidad.Y por eso al contarla toca a las gente.

Existe la creencia que uno debe escribir bonito y que eso es difícil. Escribir en pedante

Una apasionante investigación de un caso real de asesinatos múltiples nos lleva a preguntarnos ¡que es la enfermedad mental?. Tiene que ver con la imposibilidad de comunicarse. Es somatizar la locura.

Monstruo de Florencia

El azar quiso que el novelista Douglas Preston, que en 1999 residía en Florencia, se topase con la historia de un monstruo de carne y hueso que asesinó a siete parejas de novios mientras retozaban en sus coches. Fascinado por este terrible caso sin resolver, y ante la incompetencia de la policía, decidió investigarlo por su cuenta junto con el periodista Mario Spezi, gran conocedor del tema. Sus pesquisas, que dan cuerpo a esta fascinante crónica, acabaron con la expulsión de Preston de territorio italiano y el encarcelamiento de Spezi.

Las razones para no escribir lo acosan a uno. Es el miedo a no tener talenteo, a ser rechazado, a ser ridiculizado, a ser ignorado. “Alguien ya lo hizo mejor”. Uno no escribe para ganarle a nadie.

Dos personas ven una foto y se les pide que escriben lo que ven. Son dos relatos diferentes. La originalidad está en encontrar mi punto de vista.

La pereza es una de las mayores manifestaciones del miedo. El perfeccionismo es el miedo en tacones altos. Perfecto, per = mas allá, fecto = hecho, perfecto = hacer mas allá de lo hecho.

Si no sacais lo que está dentro de vosotros, edso que tienes adentro te destruirá.

Me he casado cinco veces. Y vivo en el barrio de los buenos. Todos los vecinos son buenos para algo.

Hay que poner el miedo al lado. Es un buen consejo. No hay que dejarlo que tome decisiones.

Ego = la construcción intelectual para que veas lo que nos inventamos que  quieres que vean, pero que no somos en realidad.

Fernando Araujo Velez es un gran amigo y gran escritor. Escribe sobre el miedo:

Miedo

El Espectador

27 May 2017 – 8:26 PM

Por: Fernando Araújo Vélez

Nacer con el miedo cosido a la piel. Crecer multiplicando ese miedo por millones. Heredar los temores de nuestras madres y nuestras abuelas, y temerle al infierno, al pecado, a dios y al diablo y a los hombres. Maldecir porque un día nos dicen que esos hombres son el demonio, y porque al día siguiente nos juran que sólo con un hombre podremos ser felices toda la vida, hasta que la muerte nos separe y más allá. Vestirnos por miedo a que nos tachen de no estar a la última moda, y vestirnos con miedo por agradar o ahuyentar a quien es al tiempo perdición y salvación. Desvestirnos porque es nuestro cuerpo y con nuestro cuerpo hacemos lo que nos dé la gana y no debe quedar duda de nuestra libertad, y caminar sobre las prendas después, culpándonos de nuestra desnudez.

Jugar a que nos cazan, a que te cazo ratón, y hacer responsables al mundo y sus habitantes porque nos cazaron. Agredir por miedo a que nos agredan, besar por miedo a que nos besen, sonreír por miedo a que no nos sonrían, cumplir por miedo a quedar en la calle, callar por temor a dejar al descubierto nuestra ignorancia, y existir y sobrevivir por miedo a vivir. Creer que el matrimonio y los hijos nos salvan y salvar sólo a aquellos que piensan y viven como nosotros, y en lugar de nutrirnos de ideas, de vida, de descubrir, de nuestro bien y nuestro mal, repetirles a esos hijos, por temor a equivocarnos, lo que nos dijeron madres, tías y abuelas, o heredarles nuestra primera convicción porque es una convicción y a alguna convicción hay que aferrarse. Actuar por miedo al miedo. Decidir un camino por miedo a enfrentar un camino distinto. Aferrarse a un dios por temor, cumplir sus mandamientos por pánico y persignarnos todos los días para no caer en el infierno.

Ver en el otro una amenaza, porque nuestro respirar, caminar, hablar o bailar pueden ser una provocación, y sí, serán una posible provocación si vamos por la vida pensando cada segundo en provocaciones y amenazas y viendo enemigos en el bus, en el taxi, en el bar, en la calle, en el trabajo, en la playa y en el estadio y en la casa. Creer que el hombre es el fin de todas las cosas, el dador de protección, descendencia y placer, el poseedor del bien y del mal y del poder, y sentir que ese mismo hombre es un victimario.

Otro tema es oir todo el día mentiras expresadas con palabras de verdad. Uno debe crear un anillo de soledad para no detestar a la humanidad.

Y terminamos con “Las Cartas a un Joven Poeta” de Rainer Maria Rilke

Tiene muchas enseñanzas sobre escribir y sobre la soledad.

Carta VI
Roma, 23 de diciembre de 1903
Todos sabemos la magnitud de la soledad, una gran carga, pero la única necesidad humana es la soledad interior. El estar solo con el mismo ser, momento en el que te percatas de los problemas con los que cargas, necesidades, y huecos que llenar.

cartas a un joven poeta

 

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