AIS Autogestión de la salud

 

 

 

 

 

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Tomado de http://www.sintergetica.org/crecimiento-personal/autogestion-de-la-salud/

 

Autogestión de la salud

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Todos conocemos algunos remedios, más o menos caseros, que de vez en cuando utilizamos: aplicarte frío en una contusión, una infusión de hierbas para el resfriado o para un dolor de estómago, unas friegas con algún aceite o crema para la tensión muscular … Esto es autogestión de la salud. Podemos darte muchas más herramientas para alcanzar un grado superior de autogestión, en el que tu dependencia respecto a los servicios de salud se reduzca considerablemente, especialmente en las situaciones más habituales.

Dieta integrativa

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La dieta integrativa es un nuevo concepto de dieta que se fundamenta en los principios de la medicina integrativa, que considera a la persona de una manera holística (cuerpo, mente y espíritu) y estudia las conexiones existentes entre el entorno y la fisiología de nuestro organismo para llevar un estilo de vida más natural, intuitivo y sanador.
La dieta integrativa se considera una herramienta fundamental en el tratamiento de cualquier enfermedad crónica, pero no se trata de una dieta especifica válida para un pequeño grupo de personas, sino de un patrón de estilo de vida que puede aplicarse desde la infancia y cuyo principal propósito es la prevención de las grandes epidemias de nuestros días, como la obesidad y el síndrome metabolico, la diabetes, las enfermedades autoinmunes, las inflamatorias o las cardiovasculares.
La dieta integrativa se considera una herramienta fundamental en el tratamiento de cualquier enfermedad crónica
Cuando decidimos que vamos a ponemos “a dieta”, es bastante habitual que busquemos alguna estrategia innovadora y algo extravagante para conseguir perder peso y motivamos con el cambio nutricional. El problema es que estas estrategias extravagantes, normalmente, no están basadas en el sentido común, no son viables a largo plazo y no encajan con nuestra manera de ver la vida. Nos motivan al principio, lo innovador siempre es atractivo y nos gusta, además funcionan a corto plazo y eso nos anima inicialmente, pero a largo plazo resultan pesadas y acaba agotándonos tanta innovación incomprensible en nuestra manera de comer.
Cada año se publica un nuevo libro sobre la “dieta ideal”, nos ofrecen dietas maravillosas que son válidas para todo tipo de personas y de situaciones personales y además son adecuadas para mejorar un amplio abanico de patologías. Puede que a lo largo de tu vida hayas leído multitud de libros sobre diferentes dietas, seguramente muchas de ellas o todas te han podido resultar beneficiosas durante un corto periodo de tiempo y te han aportado ciertos conocimientos interesantes.
Si eres una de estas personas quizás te hayas preguntado por qué lo que es bueno para algunos nutricionistas, para otros no lo es. Incluso te sorprenderá que existan diversos estudios que confirman las propiedades saludables que posee un alimento, mientras que otros confirman que resulta perjudicial para la salud, ¿se puede entender esto en el mundo de la ciencia?
La nutrición es una ciencia extremadamente compleja, lo es porque no hay verdades universales que sean válidas para todo el mundo y porque depende de multitud de variables del entorno y de nuestro estilo de vida. La ciencia de la nutrición y su aplicación práctica, la dietética, son relativamente recientes y nacen en un contexto social determinado.
Vivimos en un momento social sin precedentes, los avances tecnológicos han evolucionado a una velocidad de vértigo y esto ha cambiado de manera radical y en un corto periodo de tiempo nuestra forma de vivir y de alimentarnos.
Los alimentos que consumimos hoy en día pueden ser de primera, segunda, tercera, cuarta o hasta quinta generación y las modificaciones que somos capaces de realizar en la composición de las cualidades nutricionales u organolépticas de los alimentos han permitido elaborar todo tipo de alimentos de diseño de los cuales no conocemos prácticamente nada.
Comer adecuadamente se ha convertido en toda una hazaña de investigación, ya no podemos considerar, por ejemplo, que todos los huevos tienen la misma calidad nutricional, hay distintos tipos con distintas numeraciones y su calidad nutricional varía sustancialmente, no es lo mismo que sean ecológicos, enriquecidos en omega 3 o que provengan de gallinas que han sido alimentadas con piensos compuestos. En la actualidad tenemos que recomendar la frecuencia de consumo de huevos en función de su calidad. Esto no había pasado nunca. Incluso las tablas de composición de alimentos que seguimos manejando siguen considerando al huevo como un único alimento que siempre contiene los mismos nutrientes. Y este ejemplo lo podemos trasladar a casi todos los alimentos que consumimos hoy en día.
Nuestros antepasados utilizaban la intuición para alimentarse, no necesitaban de manuales ni de especialistas que les orientaran a la hora de elegir que alimentos poner en la mesa. Sencillamente consumían los productos locales de la temporada y cocinaban según recetas tradicionales que se pasaban de generación en generación. No había grandes excedentes, así que se comía moderadamente y se repartía equitativamente entre todos, o incluso aquellos que tenían un desgaste mayor por estar labrando la tierra todo el día se ponían una ración algo más grande, tan solo había que utilizar el sentido común.
En la sociedad actual elaborar un menú diario por intuición es sencillamente imposible, la industria alimenticia es una de las más poderosas del planeta y se encarga encarecidamente de llevamos hacia donde más les interesa. Comemos aquello que nos recomiendan en la televisión o aquello que “nos entra por los ojos” porque es más fácil de preparar, más palatable o está de oferta, pero no nos paramos a pensar qué nos aporta realmente.
Necesitamos una dieta integrativa que integre nuestra manera de vivir y pensar, el entorno en el que nos movemos y nuestra alimentación para conseguir un cambio de vida real que nos lleve hacía donde queremos, hacía la salud y la felicidad
Para poder elaborar un menú diario que sea coherente y se adapte a nuestras necesidades, lo primero que tenemos que tener es un mayor conocimiento del mundo que nos rodea y de nuestra propia naturaleza. Este mundo tecnológico tan avanzado nos obliga a estar más informados y por desgracia, ya no nos sirve simplemente el sentido común. Necesitamos una dieta integrativa, que integre nuestra manera de vivir y de pensar, el entorno en el que nos movemos y nuestra alimentación, para conseguir un cambio de vida real que nos lleve hacia donde queremos, hacia la salud y la felicidad, bienes muy apreciados en los tiempos que vivimos.
Sin duda, nuestra felicidad también depende de la dieta desde el momento en el que empezamos a considerar la dieta como un estilo de vida. Para mí la palabra “dieta” define nuestra manera de vivir y de ver la vida. La dieta integrativa para cada persona es coherente con su aptitud, su manera de pensar y su forma de vivir. No nos vale solo con modificar algún aspecto de nuestra alimentación y pensar que estamos cambiando nuestra manera de vivir, tenemos que estar concienciados con el cambio, convencidos de que es lo que necesitamos y saber exactamente el porqué de cada uno de los pasos que vamos dando en nuestra vida y nuestra manera de alimentarnos.
Lo ideal es que llevemos una vida íntegra y saludable antes de llegar a la enfermedad y tengamos completamente claro que la vida que llevamos nos condiciona
Para sumergirnos en una vida integrativa considero fundamental que nos movilice el deseo de mejorar y de avanzar en la vida. En la consulta médica recibo cada día a personas que desean un cambio en su vida porque padecen alguna patología. Pero lo ideal es que llevemos una vida integra y saludable antes de llegar a la enfermedad y tengamos completamente claro que la vida que llevamos nos condiciona. Nuestras células enferman cuando son sometidas a un entorno desfavorable, en nuestro organismo no nacen ce1ulas malas de repente, si no que mutan o se defienden cuando la toxicidad que les rodea no les permite cumplir sus funciones vitales correctamente. Nuestras células tienen tal afán de supervivencia que cambian su metabolismo con tal de aguantar y sobrevivir en un medio hostil y es entonces cuando aparecen las enfermedades crónicas, aquellas provocadas por un entorno desfavorable y un organismo que sigue resistiendo.
Para comprender por qué enfermamos tenemos que conocemos más a fondo y entender qué aspectos de nuestra vida crean un ambiente biológico desfavorable para nuestras células. Una vez que sepamos de dónde partimos y hacia dónde vamos, podemos entrar en el proceso del cambio y llevar nuestra propia dieta integrativa con coherencia y sabiduría. Evitar la toxicidad celular, la acidosis metabólica y mejorar la nutrición celular son algunos de los puntos clave para conseguir que nuestras células se mantengan sanas.
Una dieta integrativa tiene que ayudamos a mejorar nuestra salud gastrointestinal, disminuir la toxicidad en nuestro organismo y potenciar nuestro sistema de defensa, tiene que aportamos todos los nutrientes esenciales que el organismo necesita y las calorías necesarias para estar en un peso saludable y estable. Será una alimentación que se adapte a nuestras individualidades, pero siempre partiendo de unos principios fundamentales como que sea natural (libre de sustancias que nos intoxiquen), reguladora (favoreciendo un entorno celular sano y limpio) y nutritiva (aportando todos los nutrientes que las células necesitan).
Hablar de dietas estándar es demasiado generalista y poco realista si queremos conseguir un cambio adecuado en nuestra vida, por ello cada estrategia dietética o cambio de alimentación tendrá una finalidad determinada en la vida de cada persona. Cada uno de nosotros tenemos nuestra propia dieta integrativa, solo tenemos que tener las herramientas para saber cuál es la nuestra y cómo aplicarla.
Gracias a este nuevo concepto de dieta y a la metodología terapéutica basada en el coaching nutricional, la dieta integrativa pretende propiciar un cambio de vida definitivo en nuestras vidas y la búsqueda dela felicidad. Para conseguirlo se establece una estrategia basada en objetivos concretos e individuales, el conocimiento de nuestro entorno y de nuestra situación personal, la búsqueda de alternativas y el compromiso con nuestros valores y nuestros principios.
La dieta integrati.va se utiliza en todo tipo de enfermedades crónicas, los principios fundamentales en los que se sustenta son válidos para mejorar la salud general de nuestro organismo. No obstante, cada patología tiene sus peculiaridades y hay que adaptar la pauta dietética. Si no es así, no se trata de una nutrición integrativa, ya que esta siempre va adaptada a la persona y a su entorno.
Me gustaría poneros un ejemplo de un paciente que tuve hace poco tiempo en la consulta: un hombre de unos 35 años de edad que estaba diagnosticado de psoriasis desde hacía tres años. Las crisis comenzaron a partir de una etapa de su vida en la que tuvo mucho estrés, a esto se le sumaron diversos cuadros infecciosos que tuvieron que ser tratados en su momento con antibioterapia. Además de psoriasis presentaba un cuadro de disbiosis intestinal con estreñimiento crónico, hinchazón abdominal y flatulencias.
Gracias a la dieta integrativa reguló su tránsito intestinal, redujo grasa corporal y realizó una alimentación natural y ecológica con ortomolecular y fitoterapia para mejorar su salud gastrointestinal y potenciar su sistema inmunológico.
A los tres meses del comienzo de la dieta, su piel había mejorado y se encontraba sin crisis, su tránsito intestinal era correcto, todo lo que comía le sentaba bien y se sentía con más vitalidad y energía. La manera de mantener lo guido era seguir comiendo de esta manera, y aunque le introduje algunos cambios para hacer la dieta más flexible en momentos puntuales, él mismo me confesó que se encontraba tan bien que no tenía ninguna intención de volver a comer como antes.
Autora: Elisa Blázquez Blanco
Fuente: Revista Vivo Sano

La microbiótica: una revolución para sanar la Tierra y el ser humano

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La Microbiótica es la ciencia que estudia la microbiota (comunidad de microorganismos residentes en un ecosistema determinado) en su relación simbiótica (apoyo mutuo) con los organismos simbiontes (anfitriones).
Es un movimiento en favor y defensa de los microorganismos que habitan la Tierra y el ser humano. La Microbiótica es una acepción nueva que aglutina todos los campos que tratan el estudio de los microorganismos que dan y conservan la vida: desde la medicina, la biología, la alimentación, la agricultura, la industria, la ganadería, la ecología, la psicoterapia, la etología, la gastronomía, el arte o la metafísica.
La conciencia microbiótica es una tendencia cultural que siempre ha estado ahí, en el acervo de las costumbres tradicionales de los pueblos, gracias a los alimentos fermentados o a las técnicas tradicionales de abonos orgánicos para la agricultura. Pero ahora se nombra con la urgencia de las cosas importantes, en un mundo que necesita soluciones eficaces y baratas a los muchos problemas que nos rodean, tanto medioambientales como terapéuticos. Y estas soluciones naturales que la Microbiótica ofrece se enfocan en dos dimensiones simultáneas:
La dimensión interior en la búsqueda de la salud a través de la nutrición y la investigación terapéutica de la microbiota humana: alimentos y bebidas fermentados, productos de higiene personal, nuevas medicinas bacteriológicas (no bactericidas), psicoterapia simbiótica…
La dimensión exterior para solucionar demandas del hábitat humano y el medio ambiente a costes sostenibles y sin efectos negativos: en la industria, la agricultura, la ganadería, la limpieza de ecosistemas deteriorados, la regeneración del agua en lagos, ríos, mares, depuradoras, la polución medioambiental de las grandes ciudades, la radiactividad, etc.
LA VIDA COMENZÓ EN LA TIERRA GRACIAS A LAS BACTERIAS
Sabemos que la vida comenzó en el Universo, o al menos en la Tierra, gracias a las bacterias. La vida tiende a perpetuarse y a expandirse movida por el programa de la evolución, principalmente a través de la fuerza de la simbiosis (la cooperación) más que de la lucha o la competencia de las teorías neodarwinistas imperantes.
Las primitivas y diminutas bacterias procariotas, las más antiguas sobre la Tierra, constaban de una simple membrana y una sopa de información genética flotando en el interior. Estas bacterias reinaron en solitario como portavoces de la vida durante más de dos mil millones de años, transformando los gases incandescentes de la atmósfera y modificando la piel de la biosfera terrestre plagada de volcanes y desiertos extremos. Y de pronto llegó el aire (en gran medida producido por ellas) y el agua.
A partir de ese instante la vida evoluciona y las primitivas bacterias procariotas se transformaron en las bacterias eucariotas, mucho más grandes y con más capacidad de acumular información e inteligencia, para adaptarse a los cambios geofísicos que ellas mismas provocaban, hasta convertirse en los seres pluricelulares del mundo vivo visible.
Hoy en día se sabe que las células de nuestro cuerpo son parte de esa evolución de bacterias primitivas de vida libre, que eligieron fundirse y perder algunos de sus atributos individuales para formar parte de un ser mucho más complejo y evolucionado como es la célula. Quedan restos reconocibles en la mitocondria de la célula para suponer que en su día fue una bacteria independiente con vida libre. También en las ramificaciones neuronales (dentritas) o en los fiagelos de los espermatozoides nos encontramos con la misma cadena microtubular de proteínas que tienen las arcaicas espiroquetas de hace dos mil millones de años. Y en el reino vegetal vemos esas reminiscencias de nuestros ancestros procariotas en los cloroplastos que generan la función clorofílica, antepasados comprobados de las ancestrales cianobacterias.
Según Lynn Margulis y sus teorías de la Endosimbiosis Seriada y la Simbiogénesis, toda evolución de la vida sobre la Tierra ha sido generada desde el microscópico mundo de las bacterias. Y la ley principal de esa evolución no es la competencia del “más débil se come al más fuerte” sino la de la simbiosis, la cooperación o el intercambio. Este postulado desde luego atenta contra el paradigma vigente neodarwinista y liberal, que justifica la ley del más fuerte en la estructura dominante, tanto del plano económico-político como del científico, tal y como apunta nuestro admirado biólogo Máximo Sandín.
Ellas crearon la atmósfera terrestre y se encargan de mantener en equilibrio ese inestable y explosivo conjunto de gases que respiramos (J. Lovelock), también crearon y dirigen la evolución de las especies visibles e invisibles (L. Margulis), descubrieron y nos transmitieron el sexo (las primeras eran hermafroditas), inventaron el movimiento y la comunicación, desarrollaron la ingeniería genética para evolucionar aceleradamente a saltos y no de manera gradual, lenta y azarosa como nos han hecho creer los neodarwinistas.
Nosotros, los seres del macrocosmos visible solo tenemos una forma metabólica de generar energía, a través del oxígeno y la respiración, dirigida por las mitocondrias celulares que producen la molécula ATP. Pero las bacterias tienen infinidad de procesos metabólicos: extraen la energía del aire como nosotros y también en ausencia de este a través de diferentes procesos de fermentación anaeróbica, extraen la energía del metano, del nitrógeno, del azufre, de los compuestos sulfurados o directamente de la luz.
Sabemos que por cada célula con ADN humano hay 10 células microbianas (posiblemente muchas más) que no son humanas en nuestro cuerpo, principalmente en el intestino. Casi todas ellas están dentro de nosotros cumpliendo funciones de simbiosis positiva: potenciando nuestro sistema inmunológico o la asimilación de los nutrientes, generando enzimas y vitaminas, creando neurotransmisores y hasta emociones y pensamientos.
No somos humanos, tal y como pensamos, sino un colectivo de simbiontes bacterianos en interacción, que han evolucionado en un solo ser. Eso dice la reciente Teoría del Hologenoma, que abre nuevas perspectivas a la ciencia de la evolución biológica. Somos un holosimbionte o la suma de todos los colectivos de microbios que se integran en nuestro organismo. Ellos modulan nuestro sistema inmunitario y también nuestras hormonas y feromonas, para indicarnos con quien debemos aparearnos. Gracias a estas nuevas teorías de la evolución sabemos que podemos cambiar en una generación para adaptarnos mejor al medio impulsados por el microbioma que hospedamos. Y esos cambios serían imposibles vistos desde la perspectiva neodarwinista, que precisaría de millones de años para realizarlos. Así se ha demostrado con la mosca de la fruta o el coral del Mediterráneo, que han sufrido grandes mutaciones en su comportamiento en muy poco tiempo, sin variar sus genes, debido a las adaptaciones de la microbiota que les acompaña.
Pese a esta gran evidencia de que somos y venimos del microcosmos bacteriano, vivimos en una cultura bacteriofóbica donde nos envenenamos masivamente con productos tóxicos de limpieza, salud e higiene personal, con la intención de asesinar a todas las bacterias que se crucen en nuestro camino, incluso en nuestro intestino. Desde la guerra bacteriológica por la asepsia total del hábitat, hasta la saturación de los antibióticos como panacea de la salud y el progreso farmacológico, nos hemos equivocado de enemigo al generar una guerra contra los virus y las bacterias.
Frente a esta visión paranoica y exterminadora de que la mejor bacteria es la bacteria muerta, que incluso se estudia en las facultades de ciencias de todo el mundo, se asienta otra corriente más integrativa y holística que reconoce el gran valor de los microbios para la vida y el medio ambiente. Una gran exponente de esta corriente emergente es Bonnie Bassler, la directora del Departamento de Microbiología de la Universidad de Princeton. Ella y su equipo han descubierto que las bacterias se comunican a través de un lenguaje bioquímico y no solamente tienen vida libre individual, sino también capacidad de tomar decisiones colectivas, en una especie de voto de consenso para realizar acciones conjuntas.
Hace tiempo caminando por Madrid vimos una pintada que decía: “Las bacterias también sienten”. Algo se movió por dentro, a la altura del ombligo, tan intenso que todavía perdura; y nos ha motivado a todos los autores a elegir esa frase como dedicatoria inicial del libro “La Microbiótica”.
Muchos años después descubrimos lo que algunos científicos empiezan ya a apuntar: que el campo unificado de nuestras emociones, situado en nuestro intestino es la suma de las conciencias de 100 billones de seres microscópicos y no humanos que lo habitan. De hecho gran parte de los neurotransmisores cerebrales se fabrican en el intestino, aunque luego vayan al cerebro por el riego sanguíneo. Es lo que se ha venido a llamar el “Segundo Cerebro”.
Muchos de los trastornos neuronales y psíquicos se provocan por un desequilibrio en la microbiota intestinal y se arreglarían confiando en el potencial regenerador de los microbios, a través de una alimentación que incorporara suficientes elementos simbióticos (prebióticos y probióticos) en la dieta.
Es el intestino el foco de donde parte la información vibracional, cuando sentimos miedo o alegría o stress. ¿Será casualidad? ¿Serán esos 100 billones de pequeños seres que están sintiendo por nosotros? Estamos en el albor de la “Psicología Simbiótica” que será un nuevo planteamiento para afrontar las terapias emocionales desde la perspectiva “transhumana” de la conexión con el microcosmos que nos habita.
La Microbiótica también tiene un padrino, nuestro biólogo español más ilustre y heterodoxo: Máximo Sandín. También es microbiótico en toda su obra, a contracorriente de las imperantes teorías neodarwinistas: “Los conocimientos científicos más actuales demuestran que las bacterias y los virus conviven armoniosamente en todas partes, incluyendo nuestros propios organismos, y que sólo de manera excepcional se vuelven patógenos: cuando alguna causa externa desestabiliza su funcionamiento normal. Y teniendo en cuenta que se calcula que hay en la Tierra 5 x 1030 bacterias –diez mil millones de veces el número calculado de estrellas en el universo- y que el número de virus es entre 5 y 25 veces superior, ¡si las bacterias y virus fueran patógenos no duraríamos ni un segundo!”.
Basta conocer su página web (www.somosbacteriasyvirus.com) para descubrir su fervor por el mundo microbiótico. Máximo nos dice en una entrevista publicada en Discovery Salud: “En una gota de mar hay un millón de bacterias y en un gramo de tierra cuatro millones. Vivimos en suma inmersos en un mar de bacterias y virus que, insisto, son esenciales para el funcionamiento de la vida. ¡Son los virus y las bacterias los arquitectos de la vida!”.
El planeta se oxida y se deteriora la vida sobre la tierra a ritmos crecientes y exponenciales, debido a la actividad insostenible de la sociedad humana. Las grandes amenazas del cambio climático, la desertización, la polución ambiental (electromagnética, radiactiva, química, transgénica, alimentaria…), amenazan nuestra supervivencia y la de las generaciones futuras. Se calculan unos 10.000 productos químicos nuevos, producidos por el hombre que circulan libres en el ambiente desde hace 100 años. Muchos de esos productos son tóxicos y nadie ha investigado la nefasta interacción que puede generar la combinación de algunos de ellos para la vida y la salud.
Peor aún que la polución ambiental son los alimentos y medicamentos que nos oxidan la sangre y envenenan nuestra microbiota intestinal: azúcar y sal refinados, aditivos alimentarios, derivados lácteos, harinas blancas (pastas, pan, dulces…), carnes y grasas animales, antinflamatorios y antibióticos, etc. Ya no basta con comer sano, hay que ayudar al intestino a recuperar el orden microbiótico perdido. Y eso se consigue desinflamando y desintoxicando con alimentos minerales y vegetales específicos, a la vez que incorporando probióticos de manera constante en forma de comidas y bebidas fermentadas. Esa es la base de la Nutrición Simbiótica de la que hablaremos en un próximo artículo.
La Macrobiótica descubrió hace mucho en Oriente que los alimentos fermentados tenían una gran vitalidad que podría ayudarnos para recuperar o mantener nuestra salud. ¿Qué sería de la Macrobiótica sin el miso y el tempeh (soja fermentada) o el omeboshi (ciruela fermentada)? También poco a poco los emergentes movimientos vegano y crudivegano (Raw Food) están conectando con el mundo microbiótico de los fermentados, añadiendo así una fuente extraordinaria de micronutrientes y enzimas poderosas en su dieta diaria. Estamos solo al principio de un largo camino gastronómico y nutricional por recorrer.
Y partiendo de esa base probiótica fermentativa tradicional, se han descubierto nuevos procesos de transformación de alimentos y bebidas que nos ayudan a mejorar el balance antioxidante corporal y a recuperar la fuerza de nuestra flora y fauna intestinal. En nuestro país, se están diseñando una serie de superalimentos y bebidas simbióticas fermentadas experimentales, que esperamos pronto serán un éxito en el mercado ecológico tanto nacional como internacional.
La Microbiótica es un movimiento pequeño y silencioso, que se activa dentro de nosotros (en nuestro intestino) y también fuera (en nuestro hábitat) como un fermento benefactor. Exploremos todas las posibilidades que nos brindan estas microbiotecnologías, sin manipulaciones fáusticas ni genéticas. Solamente si nos conectamos con su frecuencia de regeneración y de amor vital descubriremos su enorme potencial.
Fuente: revista Vivo Sano
Alimentos funcionales

Consideramos alimentos funcionales aquellos que además de sus propiedades nutritivas básicas, tienen un efecto beneficioso adicional sobre nuestra salud. Algunas características de los alimentos funcionales son:
• Tienen una presentación similar a la de un alimento convencional.
• Se consumen como parte de una dieta normal.
• Tienen propiedades beneficiosas para la salud o reducen el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas.
Pueden tratarse de alimentos naturales o alimentos que han sido manipulados para añadirles o quitarles algún componente. Entre los ejemplos de alimentos funcionales podemos mencionar los que están enriquecidos con vitaminas y minerales, como los cereales o los lácteos. Otros tienen modificado algunos de sus componentes, como los ácidos grasos, la fibra o su contenido en ácidos grasos omega 3.
Beneficios para la salud
La base de la nutrición, es una alimentación completa y variada, que nos aporte los nutrientes necesarios para el buen funcionamiento del organismo. Los alimentos funcionales, complementan la función nutritiva y ayudan a la prevención de ciertas enfermedades.
Existen muchas enfermedades crónicas íntimamente relacionadas con la nutrición, como es el caso de la obesidad y numerosas enfermedades cardiovasculares, que pueden atribuirse a hábitos alimentarios inadecuados.
Ejemplos de alimentos funcionales
Probióticos: contienen bacterias vivas que tienen efectos en el intestino: ayudan a la rehidratación (sobre todo en niños y ancianos), proporcionan antibióticos naturales que parecen reducir la intensidad de las diarreas, y algunas hipótesis afirman que podrían mejorar la respuesta inmune del organismo.
Prebióticos: favorecen el desarrollo de determinadas bacterias beneficiosas presentes naturalmente en nuestro intestino. Los prebióticos pueden producir en el intestino ácidos grasos de cadena corta, que ayudan al funcionamiento del sistema digestigo y a la prevención de enfermedades, pudiendo incluso disminuir el riesgo de cáncer.
Fibra dietética: se trata de materia vegetal que resiste a la digestión y absorción por el aparato digestivo. La fibra está naturalmente presente en vegetales, legumbres, frutas y cereales. Su consumo se asocia a diversos efectos beneficiosos sobre la salud: favorece el tránsito intestinal, menor riesgo de desarrollar enfermedades coronarias, disminución del colesterol en sangre o efecto protector frente al cáncer.
Ácidos grasos omega 3: presentes en aceites de pescado, se han estudiado por su papel en la prevención de enfermedades como el cáncer de mama o enfermedades cardiovasculares.
Tipos de alimentos funcionales

La dieta depurativa

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La palabra “depurar” significa purificar o limpiar. Por ello una “dieta depurativa” será aquella que nos ayude a expulsar de nuestro organismo aquellas moléculas o sustancias que resulten extrañas y por lo tanto “ensucien” o “intoxiquen” el interior del cuerpo.
Vivimos en una sociedad con un entorno altamente tóxico, estamos rodeados de multitud de químicos sintéticos que llegan a nuestro cuerpo a través de la piel, la comida o la respiración. Por ello es necesario aprender a depurarse y limpiar el organismo con frecuencia; yo recomiendo hacer un día depurativo cada 10 días o al menos una vez al mes.
Para comprender cuál es la mejor manera de eliminar toxinas, es importante reflexionar sobre las capacidades limpiadoras de nuestro organismo.
El cuerpo está en constante contacto con numerosas sustancias naturales y artificiales. Estas pueden tener una utilidad para el cuerpo y resultar beneficiosas (nutrientes o agua) o resultar inútil. En este último caso, el organismo tiene que metabolizarlas (transformarlas) para no intoxicarse y poder expulsarlas correctamente.
El intestino es uno de los primeros filtros que tienen que pasar las sustancias que provienen de la alimentación. Si la barrera intestinal está sana, las partículas extrañas podrán ser eliminadas en las deposiciones. Sin embargo, si hay exceso de permeabilidad intestinal, entrarán en el organismo e irán al torrente sanguíneo, al igual que todas aquellas que entren a través de la piel o de la respiración. Una vez llegan a la sangre, serán filtradas por el hígado, un órgano que posee numerosas enzimas (de fase I y II) que las trasforman en sustancias menos tóxicas para nosotros. Los metabolitos resultantes de esta transformación podrán ser eliminados por distintas vías como la renal, biliar o el sudor o ser acumulados en ciertos tejidos y órganos.
Entendido este proceso es decisivo comprender la importancia de impedir que las sustancias lleguen al organismo para evitar una sobrecarga hepática y el acumulo de sustancias extrañas en el cuerpo. Pero vivimos en un “mundo químico” y a veces esto es inevitable, por ello hay que consumir alimentos que regulen el tránsito intestinal, mejoren la función hepática y estimulen la diuresis para poder expulsar las toxinas de forma eficiente. El intestino, el hígado y los riñones serán nuestros aliados en este proceso.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que los alimentos consumidos aporten solamente nutrientes y no contengan partículas sintéticas. Para que esto sea así, los productos naturales y ecológicos serán los más fiables. La alimentación debe priorizar el consumo de proteínas vegetales frente a las animales en una proporción 70/30. El exceso de proteínas animales aporta una mayor cantidad de amoniaco, provocando mayor acidez y dificultando los procesos de limpieza. comida-depurativa
Los alimentos a evitar son: azúcar, harinas refinadas, productos cárnicos, pescados azules de gran tamaño (contaminados con metales pesados), alimentos precocinados, refrescos, chucherías, aceites refinados, sal refinada, grasas animales y aditivos alimentarios.
Los alimentos prioritarios en la dieta depurativa provienen del reino vegetal: granos integrales, legumbres, verduras, frutas y semillas. Una dieta compuesta por estos alimentos mejora el tránsito intestinal, es rica en líquidos, micronutrientes y ayuda a limpiar el hígado.
Un cereal con enormes propiedades depurativas es la avena; se trata de un grano rico en fibra, aminoácidos y minerales. Tomar avena para desayunar evita el estreñimiento y aporta hidratos de carbono de lenta absorción. Recomiendo desayunar un bol de copos de avena finos (preferiblemente cocidos si hay dificultades en su digestión) con semillas molidas y frutos rojos (ricos en antioxidantes). Este muesli se puede cocer con agua mineral o con bebida del mismo cereal.
Los licuados verdes ricos en clorofila y potasio también son indispensables en esta pauta. Lo ideal es tomarlos en ayunas por la mañana y entre comidas principales. Estos licuados actúan sobre el hígado, son alcalinizantes y aportan enzimas que ayudan a mejorar los procesos digestivos. Recomiendo el jugo de pepino, apio, manzana, perejil, acelga y papaya.
El uso de la fitoterapia también es interesante en este proceso. La cola de caballo, el diente de león, el ortosifón o la ortiga son algunas de las plantas con propiedades depurativas y diuréticas. Tomar una infusión a media mañana vendrá bien para eliminar líquidos. Sin embargo, no recomiendo consumirla por la tarde porque podemos tener dificultades para dormir si tenemos la diuresis aumentada.
Las verduras con mayor efecto depurativo serán las verduras ricas en azufre (cebolla, ajo), las hojas verdes ricas en clorofila, los vegetales amargos (alcachofa, escarola, endivia, achicoria, apio), las raíces (nabo, remolacha, zanahoria, rábanos) y los espárragos. Estos alimentos serán la base de la alimentación depurativa, por ello tenemos que consumir al menos cinco piezas al día en comida, cena y en los licuados vegetales. Recomiendo hacer un caldo depurativo para tomar dos veces al día con una verdura de cada grupo.
No debemos olvidar la ingesta de agua filtrada o mineral, aproximadamente 1,5 litros al día y evitar el agua del grifo, a menudo contaminada y muy rica en cloro.
Recomiendo seguir el esquema de la página anterior durante tres días para hacer una buena depuración. Los dos primeros días prescindiremos de proteínas animales e incorporaremos granos integrales y legumbres en la comida (lentejas con arroz, azukis con quínoa, garbanzos con mijo) y verduras en la cena. El tercer día también sumaremos una ración de pescado en la cena.
Las dietas depurativas no deben prolongarse mucho en el tiempo debido a que frecuentemente poseen menos cantidad de proteínas de las recomendables. Es más adecuado hacer un día depurativo cada 10-15 días, que llevar este plan durante más de una semana. La pauta propuesta de tres días podemos hacerla al principio de cada estación. La combinación de distintas proteínas vegetales (granos, legumbres, semillas y frutos secos) contribuye a no comprometer la masa muscular y poder mantener la actividad diaria sin problemas. No se recomienda hacer ejercicio físico de elevada intensidad estos tres días.
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Lo normal será que esta pauta regule el tránsito intestinal. No obstante, si existe estreñimiento, es necesario tomar medidas para que el proceso depurativo sea eficiente. Un remedio sencillo, eficaz y poco agresivo es el zumo de aloe vera biológico puro, tomar una cucharada sopera de zumo diluido en 150 ml de agua templada en ayunas por la mañana suele resultar eficaz. Las semillas de lino puestas en agua caliente durante 8 horas y tomadas en ayunas por la mañana también pueden funcionar. Otros remedios eficaces son los enemas de café, muy interesantes cuando estamos depurando el organismo. O incluso asistir a unas sesiones de hidroterapia de colon. Nunca hay que olvidar el papel fundamental del intestino en la entrada y salida de tóxicos.
Con esta pauta dietética también se consigue alcalinizar el organismo, disminuir el estrés oxidativo producido por los radicales libres, perder grasa corporal y líquidos corporales, limpiar el intestino, depurar el hígado, aportar luminosidad a la piel y sentirse más vital. No se trata de una dieta indicada para perder peso a largo plazo, para ello tenemos que tener una continuidad durante más tiempo. Pero si puede ser una buena opción para comenzar un tratamiento de pérdida de peso y comenzar con un hígado más depurado.
Autor: Elisa Blázquez Blanco
Fuente: Revista Vivo Sano