Conversatorio 120

DE LOS MENSAJES DEL PAPA FRANCISCO APRENDI……….

Cada uno de los asistentes al Conversatorio presentó la enseñanza del Papa Francisco que más lo impactó, indicando su significado y el propósito personal para ponerlo en práctica en su vida cotidiana.
Como conclusión extraeremos los aspectos comunes que faciliten el vivir ese propósito y aprenderemos de TODOS como vivir con Amor e Inclusividad.

DISCURSO DEL SANTO PADRE ENCUENTRO
CON LOS OBISPOS DE COLOMBIA

Salón del Palacio Cardenalicio (Bogotá)
Jueves, 7 de septiembre de 2017

El corazón humano, muchas veces engañado, concibe el insensato proyecto de hacer de la
vida un continuo aumento de espacios para depositar lo que acumula. Es un engaño.
Precisamente aquí es necesario que resuene la pregunta: ¿De qué sirve ganar el mundo entero
si queda el vacío en el alma? (cf. Mt 16,26).

De sus labios de legítimos pastores, tal cual ustedes son, Colombia tiene el derecho de ser interpelada por la verdad de Dios, que repite continuamente: «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9). Es un interrogatorio que no puede ser silenciado, aun cuando quien lo escucha no puede más que abajar la mirada, confundido, y balbucir la propia vergüenza por haberlo vendido, quizás, al precio de alguna dosis de estupefaciente o alguna equívoca concepción de razón de Estado, tal vez por la falsa conciencia de que el fin justifica los medios.

Y antes de concluir ―estoy un poco largo ya―, un pensamiento quisiera dirigir a los desafíos de la Iglesia en la Amazonia, región de la cual con razón están orgullosos, porque es parte esencial de la maravillosa biodiversidad de este País. La Amazonia es para todos nosotros una prueba decisiva para verificar si nuestra sociedad, casi siempre reducida al materialismo y pragmatismo, está en grado de custodiar lo que ha recibido gratuitamente, no para desvalijarlo, sino para hacerlo fecundo. Pienso, sobre todo, en la arcana sabiduría de los pueblos indígenas amazónicos y me pregunto si somos aún capaces de aprender de ellos la sacralidad de la vida, el respeto por la naturaleza, la conciencia de que no solamente la razón instrumental es suficiente para colmar la vida del hombre y responder a sus más inquietantes interrogantes.
Por esto los invito a no abandonar a sí misma la Iglesia en Amazonia. La consolidación deun rostro amazónico para la Iglesia que peregrina aquí es un desafío de todos ustedes, que depende del creciente y consciente apoyo misionero de todas las diócesis colombianas y de su entero clero. He escuchado que en algunas lenguas nativas amazónicas para referirse a la palabra «amigo» se usa la expresión «mi otro brazo». Sean por lo tanto el otro brazo de la Amazonia. Colombia no la puede amputar sin ser mutilada en su rostro y en su alma.

DISCURSO DEL SANTO PADRE EN ENCUENTRO CON EL
COMITÉ DIRECTIVO DEL CELAM

Nunciatura apostólica, Bogotá
Jueves 7 de septiembre de 2017

La esperanza en América Latina tiene un rostro femenino
No es necesario que me alargue para hablar del rol de la mujer en nuestro continente y en nuestra Iglesia. De sus labios hemos aprendido la fe; casi con la leche de sus senos hemos adquirido los rasgos de nuestra alma mestiza y la inmunidad frente a cualquier desesperación.
Pienso en las madres indígenas o morenas, pienso en las mujeres de la ciudad con su triple turno de trabajo, pienso en las abuelas catequistas, pienso en las consagradas y en las tan discretas artesanas del bien. Sin las mujeres la Iglesia del continente perdería la fuerza de renacer continuamente. Son las mujeres quienes, con meticulosa paciencia, encienden y reencienden la llama de la fe. Es un serio deber comprender, respetar, valorizar, promover la fuerza eclesial y social de cuanto realizan. Acompañaron a Jesús misionero; no se retiraron del pie de la cruz; en soledad esperaron que la noche de la muerte devolviese al Señor de la vida; inundaron el mundo con el anuncio de su presencia resucitada. Si queremos una nueva y vivaz etapa de la fe en este continente, no la vamos a obtener sin las mujeres. Por favor, no pueden ser reducidas a siervas de nuestro recalcitrante clericalismo; ellas son, en cambio, protagonistas en la Iglesia latinoamericana; en su salir con Jesús; en su perseverar, incluso en el sufrimiento de su Pueblo; en su aferrarse a la esperanza que vence a la muerte; en su alegre modo de anunciar al mundo que Cristo está vivo, y ha resucitado.

HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO EN LA MISA EN
VILLAVICENCIO

Catama, Villavicencio
Viernes 8 de septiembre de 2017

La festividad del nacimiento de María proyecta su luz sobre nosotros, así como se irradia la mansa luz del amanecer sobre la extensa llanura colombiana, bellísimo paisaje del que Villavicencio es su puerta, como también en la rica diversidad de sus pueblos indígenas.
La mención de las mujeres —ninguna de las aludidas en la genealogía tiene la jerarquía de las grandes mujeres del Antiguo Testamento— nos permite un acercamiento especial: son ellas, en la genealogía, las que anuncian que por las venas de Jesús corre sangre pagana, las que recuerdan historias de postergación y sometimiento.
En comunidades donde todavía arrastramos estilos patriarcales y machistas es bueno
anunciar que el Evangelio comienza subrayando mujeres que marcaron tendencia e hicieron historia.
Y en medio de eso, Jesús, María y José. María con su generoso sí permitió que Dios se hiciera cargo de esa historia. José, hombre justo, no dejó que el orgullo, las pasiones y los celos lo arrojaran fuera de esa luz.
Este pueblo de Colombia es pueblo de Dios; también aquí podemos hacer genealogías llenas de historias, muchas de amor y de luz; otras de desencuentros, agravios, también de muerte.
¡Cuántos de ustedes pueden narrar destierros y desolaciones!, ¡cuántas mujeres, desde el
silencio, han perseverado solas y cuántos hombres de bien han buscado dejar de lado enconos y rencores, queriendo combinar justicia y bondad!
¿Cómo haremos para dejar que entre la luz? ¿Cuáles son los caminos de reconciliación?
Como María, decir sí a la historia completa, no a una parte; como José, dejar de lado pasiones y orgullos; como Jesucristo, hacernos cargo, asumir, abrazar esa historia, porque ahí están ustedes, todos los colombianos, ahí está lo que somos y lo que Dios puede hacer con nosotros si decimos sí a la verdad, a la bondad, a la reconciliación. Y esto sólo es posible si llenamos de la luz del Evangelio nuestras historias de pecado, violencia y desencuentro.

PALABRAS DEL SANTO PADRE EN LA NUNCIATURA
APOSTÓLICA

Nunciatura apostólica (Bogotá)
Viernes 8 de septiembre de 2017

Gracias por el hospital de campo.
Gracias porque las puertas fueron abiertas y siguen abiertas.
Gracias por los que se animan a entrar, que miran de lejos y quieren entrar y no saben cómo.
Gracias por aceptar tanto despojo, por saber que uno quedó sin nada y que aun lo que podía hacer todavía no lo logra… pero proclamar delante de todos esa frase que nunca me la voy a olvidar:
«Dios perdona en mí»
Son muchos los que no pueden perdonar todavía, pero hoy recibimos una lección de teología, de alta teología: Dios perdona en mí. Basta dejar que Él haga.
Y toda Colombia tendría que abrir sus puertas como las abrió este hospital de campo. Y dejar
que entre Él, y que Él perdone en uno. Darle lugar: «Mirá, yo no puedo, pero hacelo vos».
La reconciliación concreta con la verdad, la justicia y la misericordia sólo la puede hacer Él.
Que la haga. Y nosotros aprenderemos, detrás de Él, a hacerla.
Gracias por lo que hacen. Gracias. Y gracias por lo que me enseñaron esta noche.

Al pie de la cruz estaba la Madre. Y ha sido despojada de ese Hijo, y ha visto la tortura, todo.
Que Ella acompañe a las mujeres colombianas y les enseñe como Ella el camino a seguir.
Se lo pedimos juntos: Dios te salve, María

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